19 abril, 2026 10:36 am
javier milei karina milei

La reciente suspensión del viaje del prescindente Javier Milei a la localidad bonaerense de Junín, no es un hecho aislado ni una simple anécdota meteorológica.

La decisión, tomada ante un pronóstico de lluvias intensas y vientos superiores a 55 kilómetros por hora, revela una verdad más profunda y alarmante: la fragilidad institucional y operativa de un país desmantelado por la política de la “motosierra”.

La recomendación de la Casa Militar, basada en un informe que mezcla previsión climática y seguridad operacional, expone las carencias de un Estado que, bajo la gestión de Milei, parece incapaz de garantizar algo tan elemental como el traslado seguro de su propio prescindente.

El reporte de la Agrupación Aérea Presidencial señala que los aeródromos de Junín y Pergamino, de operación visual, “no reúnen las condiciones mínimas” para operar bajo la ciclogénesis prevista.

La alternativa de un traslado en helicóptero también fue descartada por los riesgos asociados a vuelos nocturnos y la necesidad de recargar combustible en condiciones adversas.

Incluso un desplazamiento terrestre resultaba inviable, dado el deterioro de las rutas y la falta de señalización adecuada.

Este cuadro no es solo una cuestión logística; es un reflejo del impacto de las políticas de desinversión que han paralizado la obra pública y descuidado la infraestructura básica del país.

La paradoja es evidente: un presidente que pregona la libertad y la eficiencia no puede moverse con seguridad por su propio territorio.

La “motosierra” de Milei, presentada como un instrumento para eliminar ineficiencias, ha cortado de raíz las capacidades operativas del Estado.

Aeródromos precarios, rutas en mal estado y una señalización prácticamente inexistente son síntomas de un gobierno que prioriza el desarme sobre la construcción.

La suspensión del viaje a Junín, un distrito clave de la Cuarta Sección Electoral bonaerense, no es solo una postergación; es una metáfora de un país que se detiene cuando las condiciones no son ideales.A esta vulnerabilidad se suma la crisis en instituciones fundamentales.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN), esencial para anticipar fenómenos climáticos, lleva semanas acéfalo tras la renuncia de Antonio José Mauad, la tercera en la gestión de Milei.

Este vacío no es un accidente, sino parte de un patrón deliberado: la desregulación y el desmantelamiento de organismos clave.

La designación de Mauad, carente de la formación necesaria para liderar el SMN, ya era un indicio de la poca seriedad con la que el gobierno aborda la gestión de instituciones técnicas.

Sin un SMN operativo, el país queda a ciegas ante fenómenos climáticos, poniendo en riesgo no solo los traslados presidenciales, sino también la seguridad de millones de ciudadanos.

La gestión de Milei parece atrapada en una contradicción: mientras proclama un modelo de eficiencia y libertad, sus políticas generan un Estado frágil, incapaz de responder a las demandas más básicas. La “motosierra” no solo corta gastos; destruye capacidades.

Entonces, la suspensión del viaje a Junín es un síntoma de un problema mayor: gobernar requiere instituciones sólidas, planificación y una infraestructura que no colapse ante la primera tormenta.

Sin embargo, el Gobierno parece más interesado en desarmar lo que funciona que en construir un país capaz de enfrentar la realidad, incluso cuando llueve.

La ausencia de un Servicio Meteorológico Nacional robusto, la precariedad de los aeródromos y el deterioro de las rutas son señales de un Estado que comienza a mostrar grietas.

La “motosierra” de Milei, lejos de ser una herramienta de progreso, está dejando al país expuesto, vulnerable y sin rumbo.

El acto postergado en Junín no es solo una cancelación; es una advertencia de que el desmantelamiento tiene consecuencias.

Y en un país donde las tormentas no avisan, un Gobierno sin plan ni instituciones sólidas es una receta para el desastre.

Fuente: Página 12