Este jueves 11 de diciembre se cumplen dos años de la liberación de Santos Clemente Vera, el baqueano salteño que pasó más de una década preso por el asesinato y violación de las turistas francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni, crimen ocurrido en julio de 2011. Su absolución posterior no solo demostró la magnitud del error judicial, sino también la vulnerabilidad de un sistema que puede condenar a un inocente con pruebas débiles y presiones externas.
Hoy, con 40 años, aún intenta reconstruir su vida. Y repite una frase que resume diez años de encierro: “La cárcel es el peor infierno. Si estoy vivo es gracias a mi mujer.”
Diez años en el infierno
Condenado a prisión perpetua, Vera enfrentó un proceso cargado de inconsistencias: testigos contradictorios, peritajes cuestionados y un clima social que exigía respuestas rápidas. Pasó más de una década en cárceles donde sufrió violencia, enfermedad y pérdidas familiares.
“La cárcel es el peor infierno”, dijo al recuperar su libertad. Su esposa, Beatriz, fue su sostén emocional y la única presencia constante durante esos años.
La liberación y un perdón tardío
El 11 de diciembre de 2023, luego de revisiones técnicas y una nueva mirada judicial, se anuló su condena y recuperó su libertad. A dos años de ese día intenta volver a una vida normal, aunque las cicatrices del encierro siguen ahí.
Qué hubiera pasado si Argentina hubiese tenido pena de muerte
El caso de Vera abre un interrogante estremecedor: ¿qué habría ocurrido si en Argentina existiera la pena capital para crímenes aberrantes?
1. Un inocente habría sido ejecutado
El proceso que lo condenó —débil, apresurado y cuestionable— probablemente habría bastado para aplicarle la pena máxima. La revisión posterior nunca habría llegado a tiempo.
2. El Estado habría cometido un homicidio irreversible
La ejecución de un inocente es un error que ningún sistema puede reparar. La absolución tardía solo existiría como un documento que llega demasiado tarde.
3. La verdad jamás habría salido a la luz
Las pericias y revisiones que demostraron su inocencia solo fueron posibles porque Vera seguía vivo.
4. Su familia habría quedado marcada de por vida
La ejecución de un inocente deja un estigma que afecta a su esposa, a sus hijos y a toda su comunidad.
5. Ningún responsable habría pagado
Cuando un Estado ejecuta a un inocente, nadie asume la responsabilidad. La muerte queda sin respuesta ni reparación.
Una advertencia que trasciende un caso
La historia de Santos Clemente Vera demuestra que la Justicia puede cometer errores profundos. Pero también expone algo aún más inquietante: en un sistema imperfecto, la pena de muerte no solo no corrige fallas, sino que las vuelve definitivas e irreversibles.
Si existiera en Argentina, hoy no estaríamos hablando de la libertad de un inocente, sino del asesinato judicial de un hombre que pasó diez años sosteniendo una verdad que el sistema tardó demasiado en escuchar.
Cabe señalar que el director de El Municipal Web, Tony Villavicencio, lo visitó cuando estaba en la cárcel y escribió en Página 12 sobre su inocencia.
