3 abril, 2026 10:34 pm
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“Muchos porteños están preocupados porque, por primera vez desde 2005, el kirchnerismo podría ganar las elecciones en la ciudad. ¿Usted estaba al tanto de que, según la mayoría de las encuestas, la elección de este domingo se va a definir solamente entre dos candidatos, el kirchnerista Leandro Santoro y Manuel Adorni, el candidato apoyado por Javier Milei? Estaba al tanto, marque uno. No estaba al tanto, marque dos”. Así comienza la “encuesta” que está llegando a los teléfonos de miles de porteños y porteñas, atizando el cuco de un “kirchnerismo” que no compite directamente, ni siquiera gobernó nunca en la Ciudad. Y apuntando a correr del mapa a “los fracasados ​​amarillos que pelean el cuarto lugar” -según definió el Presidente en el cierre al que La Libertad Avanza vistió con público pago- a un PRO que ha recortado como blanco, sobre todo en el último tramo de la campaña. Según los especialistas consultados por Página/12, la campaña de manipulación y desinformación -que recuerda a otras anteriores desplegadas, irónicamente, por el PRO- podría ser sancionada como tal por las autoridades electorales, más allá de los grises que cubren todo el tema legal digital. Como los principales competidores aludidos no presentaron denuncias, el Tribunal Electoral porteño no ha intervenido al momento, y tampoco quiso expresarse ante la consulta de Página/12.

“Algunos dicen que, como el PRO está cuarto en las encuestas, es mejor votar por Adorni para evitar que el kirchnerismo gane. ¿Usted está de acuerdo o en desacuerdo con esto?” “Algunos creen que si gana el kirchnerista Leandro Santoro va a aplicar en la Ciudad las mismas políticas que ya aplicó el kirchnerismo a nivel nacional. ¿Usted está de acuerdo con las siguientes medidas? Permitir que se realicen piquetes en el centro sin restricciones. Cambiar la política de seguridad para garantizar los derechos de los delincuentes. De acuerdo, marque uno. En desacuerdo, marque dos. No sabe, marque tres”. El tenor de las preguntas y la manipulación va creciendo a medida que avanza la encuesta en formato IVR (respuesta de voz interactiva), un programa telefónico automatizado que permite recibir y registrar las respuestas de los encuestados.

La campaña sucia libertaria en la Ciudad remite directamente a la que sufrió el candidato a jefe de Gobierno porteño Daniel Filmus en 2011, cuando se lo intentó vincular a Sergio Schoklender en pleno escándalo por el desvío de fondos destinados a la construcción de viviendas: ¿Sabe usted que el padre de Daniel Filmus es arquitecto y uno de los principales contratistas de Sergio Schoklender?” “Ahora que usted sabe que el padre de Filmus está involucrado con Schoklender, ¿igual lo votaría?”.

Jaime Durán Barba, el consultor estrella del por entonces jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri -que iba por su reelección- fue denunciado ante la jueza federal María Servini por cometer un presunto delito electoral con la campaña fake, toda una novedad para una época en la que aún las redes no tenían tanta penetración social, pero la idea del “call center” partidario -mezclado con la gestión- desembarcaba en política con una millonaria inversión de por medio.

Durán Barba fue procesado en 2012 junto a sus socios Rodrigo Lugones y Guillermo Garat; zafaron por un manito judicial PRO, logrando que la causa pasara a la Justicia porteña: en 2013, la causa prescribió. Algunos de los nombres de aquellos equipos que participaban en la campaña de Macri aparecen en el manejo de la comunicación y los “troll centers” del oficialismo actual. Y el método, ahora direccionado contra el PRO, es calcado.

¿Es legal difundir afirmaciones falsas de este tenor en forma de encuestas? “Es un gris, porque es desinformación a través de una encuesta, en este caso telefónica, es decir, el fenómeno de desinformación que conocemos con un método viejo manipulado”, analiza la politóloga y directora de Salto Agencia Natalia Zuazo, especialista en política y tecnología digital. En tanto la ley electoral prohíbe expresamente la difusión de información falsa en las campañas, ¿hay un margen para intervenir en este caso? “Las autoridades electorales pueden sancionar sobre publicidad y en particular sobre publicidad en periodos electorales. Puede haber un margen de cierta adaptación a estos nuevos fenómenos de desinformación, que es algo que se está discutiendo a nivel internacional, con ejemplos de acción diversos”, advierte.

Y pone como ejemplo Brasil: “El Tribunal Superior Electoral Brasilero está trabajando sobre nuevas medidas para controlar la distribución de contenidos generados con inteligencia artificial, determinando si causan desinformación o no, si son deep fakes, o por ejemplo si son violencia política contra las mujeres (tenemos estadísticas que dicen que el 90% de las deep fakes son contra mujeres). Algunos tribunales electorales están trabajando para intentar contener estas cuestiones”.

La especialista remarca también la importancia de los mecanismos y dispositivos de información electoral para contrarrestar este tipo de maniobras: “sigue siendo muy importante apelar a todos los medios, desde debates como marca la ley, información que brinden los tribunales electorales en conjunto con los medios de comunicación tradicionales y con las redes sociales, todo ese tipo de campañas que si no se promueven desde el Estado, en general no se organizan, resultan útiles para estas cuestiones”, repasa. “En las últimas elecciones, la Cámara Electoral había generado un chatbot para que se pudiera preguntar ciertas cosas sobre las elecciones: cuántos candidatos se votan, qué se vota. Ese tipo de cosas, aunque no resuelven el problema a gran escala, ciertamente pero mitigan”, ejemplifica.

“Una campaña de este tipo funciona como vehículo de una campaña de miedo, y es un ejemplo claro de la estrategia que caracteriza la comunicación política de Javier Milei y su espacio”, define Natalia Aruguete, investigadora del Conicet y profesora de la Universidad Nacional de Quilmes, que ha investigado especialmente el tema de política, redes y desinformación en libros como Nosotros contra ellos. Cómo trabajan las redes para confirmar nuestras creencias y rechazar las de los otros.

“Lo problemático de este recurso no es solo la manipulación del contenido, sino la utilización de un formato que simula ser una encuesta, que otorga al mensaje una apariencia de objetividad y rigurosidad estadística que no posee. Esta estrategia no busca describir la realidad, sino intervenir sobre ella, moldeando percepciones y emociones en favor de una agenda electoral”, analiza.

“Este es un ejemplo elocuente que invita a reflexionar sobre los límites éticos y normativos de la comunicación en campaña. Si bien en la arena política existe un margen para la exageración, la ironía o, incluso, la crítica dura, la mentira deliberada —presentada bajo el ropaje de información confiable— cruza una frontera. Las campañas negativas forman parte de la competencia democrática, pero la fabricación de datos o la simulación de estudios para infundir temor vulnera principios éticos de integridad informativa”, advierte también.

¿Qué es decible y qué no en una campaña electoral, cuál es el límite? “Cada vez parece más dificil establecer mecanismos que impidan que la desinformación se disfrace de información y tenga efectos performativos. El caso de La Libertad Avanza muestra hasta qué punto ciertas fuerzas políticas exploran los vacíos regulatorios para convertir la comunicación política en un dispositivo discursivo, donde la verdad fáctica queda subordinada a la eficacia persuasiva”, concluye la investigadora.

Fuente: Página 12