1 mayo, 2026 6:05 pm
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La Justicia es la responsable de la tragedia que  vive  la Democracia Argentina con directa incidencia  en la política, cuando proscriben  a la ex presidenta Cristina Fernández y sin vergüenza regalan impunidad, al  ex presidente Mauricio Macri, cajoneando más de 26 causa penales  por  graves hechos  de corrupción.  

Pero hay algo aún más peligroso que una justicia corrupta: La Justicia argentina en sus primeros niveles  permanece  capturada por la emoción política y lo justo dejó de ser un principio estable para convertirse en una interpretación conveniente. Hoy, la justicia no solo se aplica: se narra, se acomoda y en demasiados casos, a la luz del día se instrumentaliza con fines políticos.

Desde Monte Quemado digo que hoy  la Justicia en sus primeros niveles, cuando sentencia  para nada es siega  la acomodan  según el poder político que gobierna  y no todas las faltas pesan igual, no todos los delitos indignan de la misma manera y no todos los ciudadanos reciben el mismo trato ante la ley.  La gravedad ya no define el hecho, sino el relato que lo envuelve. Y cuando la justicia depende del relato, deja de ser justicia y se converte, en una herramienta del poder político de turno.

Este fenómeno no ocurre por accidente. El resentimiento se volvió rentable. Quien pude dudar que el presidente Milei sufre de  graves problemas emocionales y  gobierna, con un poder sin límites. Desde la herida moviliza emociones, simplifica la realidad y construye enemigos. El problema no son sus puteadas, sino convertir su morboso resentimiento en políticas públicas. Cuando eso sucede la ley deja de ordenar la convivencia y empieza a dividir.

En este contexto, la indignación deja de ser ética y se vuelve selectiva. Nos escandalizamos según convenga. Lo que ayer era imperdonable hoy se relativiza; lo que antes exigía sanción hoy se justifica en nombre de una causa superior. Así, la justicia pierde autoridad no por falta de normas, sino por exceso de hipocresía. La ley deja de ser un límite y el poder político domina a la Justicia y la transforma en la prolongación de su poder..

La paradoja es brutal. En nombre de la justicia social se debilita la justicia misma. Al legislar desde la emoción y no desde el equilibrio, se sacrifican principios esenciales como la igualdad ante la ley, la proporcionalidad de las sanciones y la responsabilidad individual. Se reemplaza el Estado de derecho por un Estado narrativo, donde el ejemplo de lo injusto depende del poder dominante qué en Argentina lo impone el poder político.

Una sociedad no puede sostenerse indefinidamente sobre una justicia percibida como parcial. Alimentada por las políticas públicas inspiradas en la crueldad de un gobierno que desfinancia, la Salud Publica, la Educación, se desentiende de los discapacitados, destruye los organismos del estado dejando huérfanos a los servicios públicos, dejando sin trabajo a más de doscientas mil familias y todo el daño de su gobierno lo concreta sin haber propuesto desde la Presidencia de la Nación políticas públicas que genere bienestar al pueblo argentino a más de DOS años de gobierno.

 DIOS SALVE A LA DEMOCRACIAS DE LAS JUSTICIAS POLITIZADAS