2 abril, 2026 4:47 pm
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Tony Villavicencio

Las sustancias impactan en el cerebro de distinta manera. El odio Psicológicamente, causa pensamientos obsesivos, agresividad, soledad y una profunda insatisfacción, dañando las relaciones personales.

Hace apenas unos días  en Monte Quemado, un adolecente  de apenas 16 años  después de una discusión asesino a su madre  para luego  intentar   suicidarse, Ayer  en un colegio de la localidad de San Cristóbal de la provincia de Santa Fe un alumno de 15 años llevo una escopeta a la escuela asesino a un alumno  de 13 años,  hirió  otros seis alumnos los que se encuentran internados en hospitales públicos de esa provincia.   

La violencia adolescente es una preocupación global creciente, manifestada en acoso escolar, peleas físicas y uso de armas, lo que genera graves secuelas físicas, psicológicas y de desarrollo, según Unicef y Pan American Health Organization (PAHO). Este fenómeno, a menudo normalizado, requiere intervenciones integrales en el entorno familiar, escolar y digital para fomentar la convivencia segura y prevenir riesgos de salud mental a largo plazo.

Estos hechos   ocurridos despertaron  el interés del diario digital El Municipal Web, por conocer las estadísticas  que  avanza hacia 2027 que nos permite reconocer una sucesión de episodios violentos protagonizados por adolescentes que nos exige  preguntarnos   ¿qué está ocurriendo con la violencia juvenil  en la Argentina y surge  La droga y el odio ?

 En pocas semanas, en distintos puntos del país quedaron atravesados por crímenes y agresiones de una virulencia inusual, con menores como protagonistas  con dos  denominadores común inquietante: la pérdida de freno y la incapacidad de anticipar consecuencias en una  escalada, por el consuno de la droga  y/o por los  mensajes de odio por las redes  sociales, que transforma cualquier conflicto en tragedia, incluido el matricidio.

Esta búsqueda  nos permitió conocer numerosos casos  El  de Jeremías Monzón, de 15 años, en Santa Fe, fue de una brutalidad extrema. El adolescente fue atacado a puñaladas por otros menores en un galpón abandonado. La investigación reveló una planificación previa y chats comprometedores que expusieron una violencia fría, casi desprovista de empatía.  

En Pinamar, un adolescente fue brutalmente golpeado por un amigo tras una discusión que escaló sin retorno y lo dejó con graves lesiones neurológicas. En Tres de Febrero, Uriel “Chispita” Giménez, de 12 años, murió en medio de un enfrentamiento armado con la policía. En San Cristóbal, provincia de Santa Fe, Delfina, de 15, sobrevivió a un feroz ataque a cuchilladas luego de meses de hostigamiento. Y en Santa Clara de Buena Vista (Santa Fe), tres menores fueron imputados por el homicidio de Lucas Bruno tras una agresión grupal que terminó en muerte.

Sin duda los mensajes de odio violentan a la sociedad al deshumanizar a grupos específicos, erosionar la cohesión social y justificar la violencia física o simbólica. Estos discursos generan polarización, dañan la dignidad humana, fomentan la discriminación Su propagación en redes sociales amplifica el peligro, y afecta  a la adolescencia  que en casos escalar a crímenes atroces

Las redes sociales, la televisión y los diarios  transmiten mensajes de odio violencia  que impactan negativamente en la sociedad y se profundiza  cuando  el mismo presidente   de la nación usa la cadena nacional  para trasmitir mensajes  de odio, insultando  predicando la agresión y afectando la salud mental de los usuarios y usa  las plataformas digitales,  facilitando el  ciber-acoso y la difusión de odio, contra los sectores políticos opositores a su gobierno.

DIOS SALVE A NUESTROS ADOLESCENTES DEL ODIO Y DE LA DROGA.