La Argentina vuelve a poner los dólares sobre la mesa para comprarle equipamiento militar a Estados Unidos. Esta vez son 235 blindados Stryker, en una operación que el Ministerio de Defensa presenta como un salto en la modernización del Ejército, pero cuyo precio total todavía no informó. Como referencia, los primeros ocho costaron US$ 20 millones por un paquete que incluía vehículos, repuestos, capacitación y asistencia técnica: unos US$ 2,5 millones por unidad. Si se repitiera ese promedio, los 235 nuevos rondarían los US$ 587,5 millones.
Y la pregunta es obvia: ¿era el momento? Mientras el Gobierno decide destinar cientos de millones de dólares a blindados, la vida cotidiana sigue apretando a millones de argentinos: familias endeudadas, salarios que no alcanzan, consumo en caída y un mercado laboral que no termina de recuperarse. Los Stryker podrán ser útiles para el Ejército, pero difícilmente figuren entre las urgencias de quien tiene que hacer malabares para llegar a fin de mes.
Stryker: qué compró el Ministerio de Defensa
La operación fue encabezada por el ministro de Defensa, Carlos Presti, con la firma de la Carta de Oferta y Aceptación (LOA) con Estados Unidos. Los 235 vehículos se sumarán a los ocho Stryker que Argentina ya incorporó y estarán destinados a distintas funciones: transporte de infantería, evacuación médica, comando y apoyo de fuego.
Los tanques son blindados 8×8 utilizados por el Ejército estadounidense. Según el Gobierno, permitirán mejorar la movilidad, la protección y la capacidad de despliegue de las tropas, pero también “profundizar la interoperabilidad” con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
La expresión salió del propio Ministerio de Defensa en su comunicado para presentar la operación como un avance. En otras palabras, no se trata solamente de comprar vehículos: también se busca que el Ejército argentino opere cada vez de manera más compatible con los sistemas y estándares militares de Washington.
Si bien la LOA deja la compra formalmente encaminada, el comunicado del Gobierno no detalla cuánto va a costar la operación ni explica qué hace que esas condiciones sean “tan convenientes”. Y con 235 blindados en juego, el precio no es un detalle menor que pueda esconderse detrás del lenguaje de los comunicados oficiales.
Las “relaciones carnales” también tienen factura
Los Stryker son otro capítulo del alineamiento militar de Milei con Washington. Antes llegaron los 24 F-16 comprados a Dinamarca, una operación que se concretó porque Estados Unidos debía autorizar la transferencia de los aviones, al tratarse de material de origen estadounidense. Fue la salida elegida por Argentina para reemplazar a los Mirage retirados en 2015.
La compra también generó críticas. Luis Petri tuvo que salir a defender los F-16 frente a quienes los calificaron de “chatarra” y sostuvo que “la soberanía se ejerce con actos como esta compra de aviones”.
Pero, ¿qué soberanía hay cuando para reequiparse hay que mirar qué autoriza Washington y terminar comprándole material a sus aliados?
Ahora la escena se repite. F-16, Stryker y cada vez más interoperabilidad con Estados Unidos. Washington vende, Argentina compra y el Gobierno presenta ese alineamiento como soberanía.
¿Modernización o dependencia?
El Gobierno asegura que los 235 Stryker se incorporan bajo condiciones especialmente favorables. Ahora falta conocer cuáles son esas condiciones y, sobre todo, cuánto cuestan.
La referencia disponible permite dimensionar el negocio. Si se toma el promedio de US$ 2,5 millones de los primeros ocho vehículos, los 235 nuevos representarían unos US$ 587,5 millones. Si el costo promedio fuera de US$ 2,8 millones, la cuenta subiría a US$ 658 millones.

Pero ninguna de esas cifras es el precio oficial de la nueva compra. El monto definitivo todavía no fue informado y puede variar según el equipamiento, los repuestos, la capacitación y el soporte incluidos.
La discusión, entonces, no debería ser si las Fuerzas Armadas necesitan modernizarse. Claro que necesitan equipamiento. La discusión es qué modelo de defensa se está construyendo, cuánto le cuesta al país y qué lugar ocupa la industria argentina en ese proceso.
Porque modernizar las Fuerzas Armadas es una cosa. Convertir cada necesidad de defensa en una oportunidad de negocio para proveedores extranjeros es otra.
Fuente: Página 12
