La ola de despidos que vive el país –producto de una caída histórica en el consumo, una inflación que no da tregua y un Gobierno que promociona el cierre de fábricas por la dinámica importadora, entre otras cosas– no es gratis para la sociedad. Así lo dejó en claro su duro editorial de este jueves el periodista y conductor de La Mañana, Víctor Hugo Morales, quien aseguró con tono de advertencia que “alguien va a pagar” los costros del ajuste, ya que “la revolución es un asunto personal”.
El editorial de Víctor Hugo Morales
No es bueno pegarle tanto al hombre. El horizonte deja de ser lejano y rojo como si fuera de verano. Es neblinoso y espectral, cercano, se le viene encima al hombre despedido. Se fue pedaleando de Whirpool, comió sin ganas, se acostó sin tele, miró el techo toda la noche y ahora se levantó hace horas y no sabe qué hacer.
Los pibes se van a la escuela con la extrañeza de verlo todavía ahí, en el living. Y él se queda parado en la puerta sin saber qué hará ahora. Ir a la protesta, golpear con algo, cantar unas consignas.
Y volver sin nada, preguntándose cuándo verá otra vez a sus compañeros, a los que ya eran parte de su vida.
Entonces hay una revancha que sube como una llamarada, una mala digestión, una rabia y una impotencia que le provoca el deseo de tirar algo contra la pared.
Sin embargo, lo milagroso es que miles de hombres como los de Whirpool quieren otra oportunidad, quieren trabajo. Lo despojan de su salario, de su tiempo ocupado, de su dignidad de proveedor, pero vuelve a tirar un centro como en el último minuto para ver qué pasa. Sale a buscar trabajo.
Lo que alimenta el sistema es la violencia.
Es maravilloso que el hombre, la mujer, salgan a pelearla cada día, pero lo provocan tanto que a veces pierde los estribos y cabalga hacia otro mundo, más fácil, más peligroso, para él y para otros.
El gobierno le queda lejos, el empresario no supo nunca quién es. Y hoy mismo necesitaría comprar algo de carne, unos fideos y no tiene con qué.
Del otro lado, en un piso 26, los directivos de la empresa tomaron la decisión de echar a 300, se tomaron un café, se ajustaron la corbata y se fueron con su maletín.
La vida no les cambia nada. Ni siquiera toman conciencia de que un día puede toparse con uno de los desheredados a los que les pasó una raya con un lápiz rojo.
El capitalismo, cuando es salvaje, mata o quita las ganas de vivir. Pero todos los días, la revancha acecha. Con los patrones o con los que votan patrones.
Alguien lo va a pagar. La revolución es un asunto personal. Cuando la vida no vale nada cualquiera se la juega.
Fuente: Página 12
