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Un presidente que provoca, insulta al que piensa distinto, divide y enfrenta al pueblo que gobierna
Cuando la política reemplaza al diálogo, por el insulto a los adversarios los países suelen sufrir inestabilidad, parálisis institucional y pérdida de oportunidades de progreso para sus ciudadanos, la división y el enfrentamiento político extremo debilitan a las naciones, erosionan la confianza social y dificultan el desarrollo sostenible.
En efecto el presidente Javier Milei y sus permanentes agresiones verbales al pueblo que piensa distinto aumentan la división de los argentinos y dañan la convivencia democrática pacífica. Entendemos que los insultos y acusaciones impiden al diálogo y promueven el odio.
Los Argentinos es necesario pedirle a Dios de modo imperceptible, nos devuelva “trabajando” en el corazón de cada uno de nosotros para favorecer la convivencia, el dialogo y el buen entendimiento con los demás; solo la intervención de Dios en este sentido, lo va lograr.
El espíritu mueves los corazones de los hombres para que los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano, y los pueblos busquen la concordia. Con tu acción eficaz puedes conseguir. Roguemos a Dios, que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia, y la discordia se convierta en amor mutuo”.
Es una buena noticia saber del protagonismo de Dios en el camino de la unidad entre las personas; Él, impulsa constantemente para que se dé el encuentro con los demás, y permite constatar, que el amor auténtico es más fuerte que todos los obstáculos y estimula para forjar esa fraternidad tan anhelada pata los hombres que trabajan y luchan por el amor a la patria.
Esto, en nada quita todo el esfuerzo y la colaboración que todos debemos poner para lograr ese fin, como me refería precedentemente. ¡Ojalá que en nuestro Monte Quemado lo adversarios de la política se den la mano con sinceridad, se busque la concordia y se trabaje por el presente y el futuro de todos y muy especialmente de los niños.
También, esta armonía es reclamada con urgencia por toda la creación, nuestra Tierra necesita que la cuidemos y cultivemos con racionalidad, y reparemos todos los daños que le hemos causado. “Es el momento de la justicia restaurativa.
Es necesario asegurar que los incentivos para la recuperación, que se están desarrollando e implementando a nivel global, regional y nacional, sean realmente eficaces, con políticas, legislaciones e inversiones enfocadas al bien común y con la garantía de que se logren los objetivos sociales y ambientales globales.
Es igualmente necesario reparar la tierra. Restaurar el equilibrio climático es sumamente importante, puesto que estamos en medio de una emergencia. Se nos acaba el tiempo. Restaurar la biodiversidad es igualmente crucial en el contexto de una desaparición de especies y una degradación de los ecosistemas sin precedentes”.
Dios promueve la acción del hombre en la naturaleza creada para beneficiarse de sus frutos, pero también pide que la cuide y le “devuelva algo”, teniendo en cuenta su ciclo de recuperación. Señor, ¡ayúdanos a forjar la concordia y a ser cuidadores de nuestra Tierra! De nuestra patria.
