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En Monte Quemado y en la región se advierte, especialmente a través de las redes sociales, una creciente presencia de contenidos que tienen como eje casi exclusivo la crítica a dirigentes políticos, gestiones de gobierno, instituciones públicas y actores de la vida comunitaria.
La crítica es, sin dudas, una herramienta indispensable para cualquier sociedad democrática. Los medios de comunicación tienen el derecho y también la responsabilidad de señalar errores, cuestionar decisiones y poner en debate aquello que consideran necesario. Pero cuando la crítica se convierte en una práctica permanente, sin contexto, sin matices y sin espacio para otras miradas, cabe preguntarse si continúa cumpliendo una función de fiscalización saludable o si termina contribuyendo al desgaste del debate público.
En Monte Quemado, la aparición de espacios como “Ojos Biónicos” plantea precisamente ese interrogante. Se trata de un medio o espacio de comunicación cuya línea de publicaciones está fuertemente concentrada en el cuestionamiento y la denuncia. El problema no está en criticar, sino en analizar qué ocurre cuando una mirada crítica se transforma prácticamente en la única perspectiva desde la cual se informa sobre la realidad institucional de una comunidad.
Los titulares exagerados, las expresiones de alto impacto y los mensajes construidos para provocar indignación pueden generar una rápida circulación en redes sociales. Sin embargo, el periodismo y la comunicación pública requieren algo más que impacto: necesitan fuentes identificables, contexto, comprobación y responsabilidad frente a aquello que se comunica.
Cuando una comunidad recibe de manera permanente un mensaje basado exclusivamente en conflictos, errores y denuncias, puede instalarse una percepción negativa generalizada sobre la política y las instituciones. El riesgo es que aparezca la idea de que “todos son iguales”, que “nada cambia” o que “nada tiene solución”. Y cuando la desconfianza se transforma en apatía, el debate democrático pierde participación y calidad.
También resulta necesario preguntarse cuál es la finalidad de una comunicación basada exclusivamente en el señalamiento. ¿Se busca aportar elementos para mejorar la gestión? ¿Promover un debate ciudadano? ¿Exigir respuestas a quienes tienen responsabilidades públicas? ¿O simplemente instalar una narrativa permanente de confrontación?
No se trata de defender a ningún gobierno de las críticas ni de pedir silencio frente a posibles irregularidades. Todo lo contrario. Una democracia necesita medios que investiguen, cuestionen y controlen al poder. Pero ese rol pierde legitimidad cuando las denuncias no están acompañadas por fuentes verificables, cuando se omite deliberadamente el contexto o cuando se presenta como información aquello que debería ser claramente identificado como opinión.
También corresponde prestar atención a la transparencia de quienes comunican. En tiempos de redes sociales, cualquier cuenta puede adquirir una enorme capacidad de difusión sin que necesariamente exista detrás una estructura periodística formal. Por eso resulta fundamental conocer quiénes son sus responsables, cuáles son sus fuentes y qué criterios utilizan para verificar la información que publican.
La discusión no debería ser crítica sí o crítica no. La verdadera discusión es qué tipo de comunicación queremos construir en nuestra comunidad.
Monte Quemado necesita información, investigación, pluralidad de voces y debate. Necesita medios capaces de señalar aquello que debe corregirse, pero también de reconocer aquello que funciona, explicar los contextos y ofrecer distintas perspectivas sobre los hechos.
Porque cuando la crítica ayuda a controlar al poder, fortalece la democracia. Cuando se convierte en una narrativa permanente de confrontación, corre el riesgo de terminar desgastando aquello que dice defender.
La democracia necesita ciudadanos informados y medios responsables. Y esa responsabilidad empieza por una regla tan sencilla como imprescindible: criticar es legítimo; informar con rigor es una obligación.
