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Durante décadas, la política en Monte Quemado estuvo marcada por una fuerte división. Quien ganaba una elección lo ganaba todo; quien perdía quedaba relegado durante cuatro años, muchas veces sin siquiera poder acceder a respuestas básicas del municipio.
Históricamente, el peronismo local estuvo representado por dos sectores claramente identificados: uno liderado por Carlos Alberto Hazan y el otro por Manuel Osvaldo Castillo. Ambos espacios políticos predominaron en la intendencia durante los últimos cuarenta años, disputándose el poder en la cabecera del departamento Copo.
Este escenario consolidó una política fuertemente personalizada, donde el fanatismo muchas veces profundizó la división social y debilitó el espíritu de igualdad que debería garantizar la democracia. Así, se fue instalando una lógica de confrontación permanente, donde la lucha entre el “yo” y el “otro” superó al diálogo, generando una grieta que no solo dividió a la dirigencia, sino que también se trasladó a toda la sociedad.
Con el paso del tiempo, muchos vecinos de Monte Quemado comenzaron a mostrar cansancio frente a esta dinámica política. La polarización constante generó un clima de conflicto que dificultaba pensar en proyectos comunes para el desarrollo de la ciudad.
Tras la derrota del peronismo local, algunos sectores comenzaron a plantear que la única posibilidad de reconstrucción política pasa por la unidad y el recambio generacional. En ese contexto, no son pocos los que mencionan a dirigentes como Fernando Boggetti y la concejal Dra. Julieta Torrez como posibles figuras para impulsar un proceso de reorganización y conducción del espacio.
Mientras tanto, a dos años de gestión del intendente Felipe Cisneros, comienzan a observarse cambios en el modelo de gobierno local. Más allá de las más de 40 cuadras de pavimento ejecutadas —obras que buscan acompañar el crecimiento demográfico de la ciudad—, la actual administración intenta avanzar en una gestión más orientada a la planificación y al desarrollo.
Desde el municipio se impulsa, en silencio y sin estridencias, un proceso de modernización que apuesta a la innovación tecnológica, la participación ciudadana y el desarrollo sostenible, articulando políticas que buscan ordenar el crecimiento de una ciudad que, de no planificarse, corría el riesgo de volverse inviable en el futuro.
En este nuevo esquema de gestión también se priorizan políticas vinculadas a la educación, la formación de los jóvenes y el deporte como herramientas de integración social. El deporte, en particular, se promueve como un espacio capaz de derribar barreras culturales, prejuicios y estereotipos, fomentando el encuentro, el diálogo y la convivencia.
Después de décadas marcadas por el personalismo político y la división, el desafío para Monte Quemado parece ser construir una nueva etapa basada en más participación, más oportunidades y una democracia que incluya a todos los vecinos, sin distinción política.
