25 junio, 2026 4:59 am
Monte quemado municipalidad
Tony Villavicencio

Durante más de cuatro décadas, Monte Quemado vivió una fuerte personalización de la política. El debate público giró principalmente en torno a las figuras de dos líderes de un mismo signo ideológico, el peronismo: Manuel Castillo y Carlos Hazán, quienes protagonizaron una extensa disputa por la conducción de la Municipalidad de esta ciudad forestal.
Aquella confrontación política, quizás sin proponérselo, no solo dividió al peronismo local, sino que también profundizó divisiones sociales que aún permanecen en la memoria colectiva de los copeños. En términos de la ciencia política, este fenómeno puede definirse como una forma de polarización afectiva, donde el rechazo emocional hacia quienes piensan diferente termina siendo más fuerte que las propias diferencias ideológicas.
Cuando la política se construye alrededor de las personas y no de las instituciones, las preferencias políticas pasan a formar parte de la identidad individual. En ese contexto, cuestionar una idea suele interpretarse como un ataque personal, reduciendo los espacios para el debate racional y favoreciendo discursos simplificados y binarios. Así, se instala la lógica de que quienes apoyan a determinado líder representan lo correcto, mientras que quienes piensan distinto son vistos como adversarios o incluso enemigos.
En Monte Quemado, el personalismo político no solo dividió a la sociedad, sino que también debilitó el rol de las instituciones democráticas. Los partidos fueron perdiendo protagonismo y la lealtad política comenzó a depositarse casi exclusivamente en la figura de los líderes. Como consecuencia, se consolidaron comunidades políticas separadas por fuertes identificaciones emocionales.
La polarización es uno de los mayores desafíos de las democracias contemporáneas. Su impacto no se limita a la competencia electoral, sino que afecta la convivencia cotidiana entre vecinos, amigos y familias. El grado de polarización de una sociedad es una variable clave para comprender hasta qué punto la opinión pública se encuentra fragmentada.
Muchos habitantes de Copo consideran que, con el triunfo electoral y la gestión del ingeniero Felipe Cisneros, comenzó una nueva etapa. Luego de años en los que predominó una lógica donde quienes ganaban una elección concentraban los beneficios del poder mientras los sectores derrotados quedaban relegados, numerosos vecinos perciben hoy una oportunidad para avanzar hacia una mayor integración social.
Tras más de tres años de gestión, una parte importante de la comunidad interpreta que se ha abierto una puerta hacia la reconciliación y la convivencia democrática. Existe la convicción de que la unidad no puede construirse regresando a las prácticas del pasado, donde el resultado electoral definía no solo quién gobernaba, sino también quién accedía a oportunidades y derechos.
La esencia de la democracia radica precisamente en garantizar igualdad de derechos para todos, independientemente de las preferencias políticas. Por eso, el gran desafío de Monte Quemado es superar definitivamente las viejas divisiones y construir una comunidad donde las diferencias puedan convivir dentro del respeto y el diálogo.
Desde esta perspectiva, la gestión del intendente Felipe Cisneros aparece como un intento de promover espacios más amplios de encuentro, integrando a quienes piensan distinto y fortaleciendo una cultura democrática basada en la participación, la libertad, la igualdad y la dignidad humana.
Monte Quemado enfrenta hoy una decisión histórica: persistir en los esquemas políticos que durante décadas fragmentaron a la sociedad o consolidar una nueva etapa basada en la convivencia, el respeto institucional y la construcción colectiva del futuro. Los tiempos parecen indicar que gran parte de la comunidad ya eligió mirar hacia adelante y dejar atrás la vieja lógica resumida en aquel conocido adagio: “Divide y reinarás”.