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La desesperación, la ambición y el temor de ver que la gente les dio la espalda llevan a algunos dirigentes a cruzar todos los límites. Cuando los intereses personales están por encima del bienestar de un pueblo, las campañas sucias se convierten en su principal herramienta.
Eso es lo que hoy parece ocurrir en Monte Quemado. Mientras miles de vecinos acompañan la propuesta de reelección del intendente Felipe Cisneros, algunos sectores políticos, al advertir que ya no cuentan con el respaldo popular de otros tiempos, recurren al anonimato, a la descalificación y a la mentira para intentar desacreditar a quienes piensan distinto.
No es una práctica nueva. Están acostumbrados a invadir la vida personal, sembrar sospechas, instalar versiones falsas y buscar el escándalo como estrategia política. Para ellos, lo importante no es debatir ideas ni presentar proyectos, sino volver al poder a cualquier costo.
En contrapartida, Felipe Cisneros recorre los barrios, muestra las obras realizadas, habla de los servicios que hoy llegan a la comunidad y plantea la necesidad de continuar una gestión que permita concretar aquello que durante décadas quedó pendiente. Son los vecinos quienes comparan promesas con hechos y toman sus propias decisiones.
Hay quienes vuelven a apostar fuertes recursos económicos a una campaña con la esperanza de recuperar espacios de poder. Pero cuando la ciudadanía deja de creer en los discursos vacíos, la desesperación aparece y las operaciones políticas se intensifican.
Las redes sociales se transforman entonces en el escenario elegido para difundir información manipulada, ocultar identidades y atacar desde el anonimato. También aparecen quienes, por conveniencia o intereses personales, se prestan para esas maniobras. Sin embargo, cada uno es responsable de sus actos y deberá responder por ellos.
Hace poco más de dos semanas comenzó esta campaña electoral y las agresiones no tardaron en aparecer. Cuando asumí este desafío sabía que sería así. Ni las amenazas, ni los insultos, ni las mentiras, ni los intentos por desacreditar mi trabajo lograron el objetivo que buscaban.
Aquí estoy y seguiré de pie. Con la tranquilidad de mi conciencia, con una trayectoria construida con trabajo, con errores y aciertos, pero siempre con independencia. Mi palabra y mi pluma nunca tuvieron dueño. Jamás me creí dueño de la verdad, pero tampoco renunciaré a mis principios por conveniencia.
A quienes, día a día, me hacen llegar sus mensajes de apoyo y respaldo, simplemente gracias. Ese acompañamiento es la mayor fortaleza para seguir ejerciendo el periodismo con libertad y responsabilidad.
