8 septiembre, 2026 8:00 am
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Tony Villavicencio

Entiendo perfectamente la frustración de algunos sectores del peronismo de Monte Quemado, cuyos históricos dirigentes, después de 42 años de divisiones y enfrentamientos internos, buscan ahora un chivo expiatorio para liberarse de responsabilidades tras la decisión de un pueblo que reeligió al intendente radical del Frente Cívico, ingeniero Felipe Cisneros, para ejercer un segundo mandato.

No fue el mensaje de un periodista, ni la opinión de una radio, lo que cambió el rumbo político del electorado de Monte Quemado. Fue una sociedad que, con el paso de los años, fue transformándose, adquiriendo mayores herramientas para analizar, decidir y participar.

La educación es uno de los motores fundamentales del progreso y también influye en la manera en que una sociedad interpreta su realidad. Por eso, si alguien pretende responsabilizar a un periodista por la decisión de miles de electores, debería preguntarse también por el trabajo de los maestros y profesores que educaron a esas generaciones, o por aquellos padres que, muchas veces empuñando el hacha y trabajando duramente, hicieron enormes esfuerzos para que sus hijos pudieran llegar a las universidades.

Los pueblos atraviesan ciclos de auge, estancamiento y renovación. Aquellos que consiguen avanzar de manera sostenible son los que comprenden que el conocimiento y la formación de sus ciudadanos son herramientas fundamentales para construir el futuro.

Una educación de calidad brinda posibilidades de movilidad social, permite acceder a mejores oportunidades y ayuda a transformar el entorno. Una sociedad formada no solamente incorpora nuevas tecnologías: también desarrolla capacidades para crearlas, adaptarse a los cambios económicos y sociales y superar períodos de estancamiento.

Al mismo tiempo, la educación fortalece la democracia. Una ciudadanía formada desarrolla pensamiento crítico, participa activamente y tiene mayores herramientas para analizar discursos, distinguir información falsa y evaluar una gestión pública a partir de hechos, resultados y argumentos, y no solamente desde el fanatismo político.

En ese sentido, considero que una parte de las políticas públicas desarrolladas durante los primeros cuatro años de gestión de Felipe Cisneros estuvieron orientadas precisamente a fortalecer esos aspectos: educación, cultura, deporte, participación ciudadana y desarrollo humano.

Es de buen guerrero saber comprender las derrotas. Y digo comprender, no necesariamente asumirlas como una renuncia a las convicciones. Darse por vencido es algo muy diferente a reconocer los errores y aprender de ellos.

En política es frecuente buscar culpables individuales para evitar una discusión más profunda. Pero responsabilizar a una sola persona por una derrota electoral significa desconocer los procesos sociales y políticos que atraviesan a una comunidad.

El Monte Quemado de los obrajes, del hacha y del sufrimiento forma parte de una historia que merece respeto, pero que no puede convertirse en una condena para las nuevas generaciones. Aquella realidad permanece en la memoria de nuestros mayores, pero Monte Quemado también cambió.

Hoy existe una sociedad con mayores niveles de formación, con jóvenes que acceden a estudios superiores y con ciudadanos que exigen transparencia, rendición de cuentas y un manejo responsable y honesto de los recursos públicos.

El acceso al conocimiento también modificó la manera en que muchas familias interpretan la realidad. Las nuevas generaciones, incluso, han ayudado a sus mayores a leer, comprender y analizar el mundo desde otras perspectivas. Eso permite evaluar los discursos políticos con mayor claridad, detectar información falsa y observar las gestiones públicas a partir de datos concretos.

Cuando aumenta el nivel educativo de una sociedad, también cambian sus prioridades. Ya no se reclaman solamente servicios básicos. Se comienza a exigir infraestructura, sistemas de salud eficientes, políticas ambientales, espacios deportivos, desarrollo cultural y, fundamentalmente, mejores oportunidades educativas para las generaciones que vienen.

Esa es, precisamente, una de las grandes discusiones que Monte Quemado tiene por delante.

El triunfo de Felipe Cisneros no puede explicarse por la acción de un periodista. Fue el resultado de una decisión soberana de los ciudadanos que concurrieron a las urnas y eligieron una propuesta para continuar gobernando la ciudad.

En mis casi 53 años de ejercicio del periodismo, trabajando en medios provinciales como LV11, Nuevo Diario y como corresponsal de Página/12, he aprendido que cuando una parte importante del electorado decide acompañar una opción diferente, no siempre existe un culpable externo. Muchas veces es necesario preguntarse si las propuestas tradicionales siguen representando las expectativas de las mayorías.

Por eso, adjudicarme la responsabilidad por la derrota del peronismo de Monte Quemado, o pretender perseguirme mediante denuncias fabricadas, constituye una manera equivocada de interpretar lo ocurrido. El resultado electoral debería abrir una discusión mucho más profunda dentro de las estructuras políticas tradicionales.

Sin sentirme dueño de ninguna verdad, considero que el peronismo de los distintos sectores debería preguntarse qué ocurrió y por qué una parte importante de la sociedad decidió mirar hacia otra alternativa.

Las prioridades políticas y sociales cambian. Las estructuras tradicionales muchas veces tienen dificultades para interpretar esas transformaciones y, frente a ellas, la reacción suele ser buscar un responsable externo en lugar de realizar una autocrítica profunda.

Monte Quemado está atravesando un proceso de transformación y no parece dispuesto a regresar al pasado.

Durante los primeros cuatro años de gestión, el gobierno municipal de Felipe Cisneros trabajó también sobre aspectos vinculados con la formación ciudadana, la cultura, el deporte y la participación comunitaria. El desarrollo de una sociedad no se mide únicamente por su crecimiento económico: también implica fortalecer los valores, el arte, la identidad y el sentido de pertenencia.

En materia deportiva, el municipio impulsó una política de deporte social y comunitario, entendiendo que la actividad física no solamente contribuye a la salud, sino que también genera espacios de integración, convivencia y participación.

Para este segundo mandato se proyectan, además, nuevas políticas vinculadas con la salud y el bienestar, incluyendo actividades físicas adaptadas para adultos mayores, personas con discapacidad y personas con enfermedades crónicas como obesidad o diabetes.

Todo esto forma parte de una mirada más amplia sobre el desarrollo de Monte Quemado.

La gestión municipal conoce las dificultades sociales y los ciclos de pobreza que históricamente atravesaron a la ciudad. Por eso, la educación y la capacitación deben ocupar un lugar central en cualquier proyecto de futuro.

Porque un pueblo educado no solamente tiene más posibilidades de acceder a mejores oportunidades: también tiene mayores herramientas para transformar su realidad.

Y quizás allí esté una de las respuestas más importantes frente a quienes todavía buscan un culpable de una elección.

No fue un periodista quien decidió el futuro de Monte Quemado. Fueron sus ciudadanos. Y una sociedad que aprende, se informa y piensa por sí misma difícilmente acepte que alguien pretenda decidir por ella.