15 agosto, 2026 5:21 am
jubilado detenido

En el corazón de un régimen que asfixia a sus viejos, un jubilado de 73 años terminó tras las rejas por el “pecado de tener hambre”. El hombre, que trabajó una vida entera y hoy es empujado a la “miseria absoluta”, no robó —porque robar exige la violencia que él no tiene—; el hombre sustrajo desesperado “una lata de arvejas y 100 gramos de panceta” porque “la jubilación no le alcanza ni para comer ni para sus medicamentos indispensables”.

El Código Penal argentino diferencia el robo del hurto, pero la crueldad oficial ignora que la jurisprudencia ampara el “derecho a la vida ante la inanición”. Ante la “mirada consternada de los clientes, el abuelo fue sacado brutalmente del supermercado céntrico por fuerzas represivas, en un despliegue desproporcionado que expone la total deshumanización del sistema”.

Hoy, “mientras los verdaderos vaciadores de la patria gozan de total impunidad, este jubilado sigue detenido a disposición de una justicia cómplice”. Capturar al indefenso por una ración de comida no es aplicar la ley; es una “flagrante muestra de decadencia moral y persecución social que demuestra que, para este régimen, la vida de los trabajadores no vale absolutamente nada”.