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El concepto de “periodismo que estafa la fe pública” refiere a aquellas prácticas informativas que distorsionan deliberadamente la realidad, traicionan el compromiso ético de buscar la verdad y rompen el pacto de confianza que los medios de comunicación mantienen con la sociedad.
Cuando los medios o comunicadores priorizan intereses políticos, económicos o personales por encima del interés público, la información deja de cumplir su función social y puede convertirse en una herramienta de manipulación.
En Monte Quemado, particularmente en las redes sociales, se observan prácticas que utilizan la fachada del periodismo para instalar desinformación y desacreditar a personas o gestiones de gobierno. Esto no significa liberar de responsabilidades a una administración municipal ni defender la gestión de un intendente. Significa, en cambio, defender al periodismo de quienes utilizan esta noble profesión para manipular, presionar o perseguir objetivos políticos, extorsivos o económicos.
El verdadero desafío es identificar, analizar y neutralizar los mecanismos de desinformación digital que utilizan la apariencia del periodismo para desgastar no solamente a una gestión, sino también a los valores institucionales de la democracia.
¿Quiénes están detrás de la desinformación?
Uno de los primeros pasos consiste en identificar a los actores, sus métodos y los objetivos que persiguen.
Si recorremos las redes sociales, podemos observar que, en determinados casos, las operaciones de desprestigio responden a intereses políticos. Hay opositores que utilizan el anonimato o terceras personas para promover campañas contra dirigentes o funcionarios, incluso desconociendo una decisión electoral expresada democráticamente por la ciudadanía.
El problema aparece cuando las disputas políticas o personales dejan de resolverse en el ámbito democrático y comienzan a utilizarse medios de comunicación, redes sociales o supuestos portales periodísticos como instrumentos de confrontación.
En Argentina, en Santiago del Estero y también en Monte Quemado existen lo que podríamos denominar “mercenarios digitales del periodismo”: actores que no se identifican, se esconden detrás del anonimato y construyen una apariencia de credibilidad para difundir información sin asumir responsabilidad sobre sus publicaciones.
La subjetividad como herramienta de desinformación
La información falsa puede confundir al ciudadano común. Sin embargo, quienes ejercemos el periodismo conocemos la importancia de distinguir entre información, opinión e interpretación.
La información subjetiva es aquella que se construye fundamentalmente desde opiniones, sentimientos, intereses o puntos de vista personales, en lugar de sustentarse en datos verificables y comprobables.
Cuando una información se presenta cargada de subjetividad y se la hace pasar como un hecho objetivo, también se está desinformando.
Otra práctica que merece ser señalada es la reiteración de frases como “estamos investigando”, utilizadas en algunos casos como mecanismo de presión. Cuando detrás de esa supuesta investigación existe un interés económico, la frase puede transformarse en una forma encubierta de extorsión: “depositá y la frenamos”. Luego, para intentar otorgarle apariencia de legitimidad, aparece el conocido: “Te esperamos con los papeles”.
Los llamados “portales fantasma”
En las redes sociales también proliferan páginas que buscan ganar credibilidad presentándose como medios independientes, aunque carecen de una estructura periodística verificable.
Son los llamados “portales fantasma”: sitios que utilizan plantillas similares a las de un diario digital, adoptan nombres que aparentan ser medios de comunicación, pero no cuentan con información clara sobre sus responsables, equipo periodístico, domicilio real o canales institucionales de contacto.
Desde allí se juzga, se acusa, se opina y hasta se condena públicamente sin que exista, muchas veces, una identificación clara de quién informa.
Una de las herramientas utilizadas es el denominado “periodismo de investigación”, que en algunos casos puede esconder simples filtraciones, documentos presentados fuera de contexto o información cuya autenticidad no ha sido debidamente comprobada.
Incluso hemos advertido en reiteradas oportunidades la utilización de una misma documentación, presentada de manera parcial, tergiversada o incluso adulterada, para instalar nuevamente una determinada versión de los hechos.
Defender al periodismo es defender la democracia
Lo reiteramos: esto no se trata de defender la gestión de un intendente ni de justificar las acciones de ningún gobierno. Se trata de defender la credibilidad de una profesión.
El periodismo es uno de los oxígenos de la democracia. Sin información confiable, plural y responsable, el sistema democrático pierde capacidad para debatir, controlar y garantizar derechos.
El periodismo no consiste solamente en publicar noticias. Implica buscar la verdad, verificar los datos, contrastar las fuentes y asumir la responsabilidad por aquello que se informa.
La libertad de expresión es un derecho fundamental. Pero esa libertad también exige responsabilidad.
Un periodismo comprometido con la verdad es una herramienta indispensable para que los pueblos puedan vivir en libertad, ejercer sus derechos y tomar decisiones con información cierta.
Por eso, frente a la mentira, la manipulación y la desinformación, corresponde defender una profesión que nació para servir a la sociedad.
DIOS SALVE AL PERIODISMO DE LA INFORMACIÓN FALSA.
